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Fapmi, 01/09/2010

 

AGRESORES SEXUALES Y VÍCTIMAS: CUANDO LA INTERVENCIÓN ES PREVENCIÓN

 

Ha sido a partir de la década de los setenta cuando el fenómeno de las agresiones sexuales ha comenzado a visibilizarse en nuestro país. Esto ha sido posible debido tanto a la presión ejercida desde el movimiento feminista como a los esfuerzos de algunos profesionales cuyos estudios han permitido evidenciar la enorme trascendencia social de este problema. Trascendencia que viene determinada por la gran cantidad de personas que a lo largo de su vida, y especialmente en su infancia, han recibido algún tipo de abusos o agresiones sexuales con el consiguiente sufrimiento que ello conlleva tanto para las víctimas como para sus familias.

Los resultados de la investigación realizada a lo largo de éstas últimas décadas nos han permitido conocer mejor este fenómeno eliminando muchas de las ideas erróneas que aún hoy se siguen manteniendo socialmente, algunas de las cuáles pasamos a comentar a continuación.

Ciñéndonos a la Comunidad de Cantabria, a partir de los datos facilitados por CAVAS (Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales), podemos acercarnos un poco mejor a este fenómeno de las agresiones y los abusos sexuales. Durante el año 2004 se han atendido 91 nuevos casos de los cuáles el 62% eran mujeres, el 31% eran niños y niñas y en un 1% la víctima ha sido un varón. Como vemos, a pesar de que la mayoría de los abusos sexuales se cometen contra las mujeres, los niños y niñas constituyen un colectivo importante, más aún si consideramos que su detección es aún hoy bastante baja.  No suelen ser los niños y niñas quienes denuncian la situación que están viviendo más bien dependen de que los profesionales con los que se relacionan (ámbito sanitario, educativo, servicios sociales…) sean capaces de descubrir su problema. De ahí la enorme importancia que tiene el que pediatras, maestros y el resto de colectivos relacionados con la infancia reciban una buena formación sobre esta grave problemática.

Por otro lado y contrariamente a lo que se piensa, la mayor parte de abusos sexuales, infligidos tanto a personas adultas como a niños y niñas, no ocurren en la calle o en lugares abiertos sino en el propio domicilio de la víctima. Lo cual nos lleva a otro de los datos que suele sorprender a la población, el agresor la mayoría de las veces es una persona conocida por la víctima, siendo además un familiar en el 54% de los casos. Otro de los datos interesantes de este fenómeno es que en un 60% de los casos las agresiones o abusos se han producido más de una vez lo que demuestra la importancia de su detección y denuncia de para evitar que éstos puedan volver a repetirse.

Las agresiones sexuales al igual que cualquier otro fenómeno de violencia en las relaciones, sobre todo cuando es repetido y realizado por una persona que convive con la víctima y con la cual mantiene una relación: padre/madre, hijo/a, hermano/a, amigo/a, jefe/a etc., colocan a la persona que lo sufre en una situación de indefensión que acaba provocando secuelas importantes aunque no irrecuperables. Ciñéndonos exclusivamente a la violencia sexual infantil estas secuelas pueden ir desde conductas sexualizadas exageradas, problemas conductuales y académicos, sintomatologías depresivas, trastornos de ansiedad, riesgo de conductas peligrosas como la drogadicción así como, mayores probabilidades de convertirse en un futuro en víctimas o agresores de éstas u otras formas de violencia.

El apoyo a las víctimas de delitos violentos, especialmente cuando las mujeres son las víctimas de los mismos, ha sido una de las reivindicaciones que las asociaciones de mujeres han reclamado con mayor fuerza en los últimos años y que han conseguido trasladar a las instituciones como lo demuestra la reciente creación del Centro de Atención Integral a la Violencia de Género desde la Dirección General de la Mujer del Gobierno Cántabro. Tanto desde éste Centro como desde la propia Asociación, CAVAS ofrece apoyo y asistencia a las víctimas de agresiones sexuales prestando servicios como el acompañamiento a la víctima, la asistencia social, psicológica y/o jurídica.

Pero ¿Qué ocurre con los agresores? Aunque no con la misma intensidad que en el caso de las víctimas, en los últimos años también se ha analizado el fenómeno de las agresiones sexuales desde el punto de vista de quiénes agraden permitiéndonos desmitificar igualmente algunas de las creencias erróneas que manteníamos sobre los mismos. Los agresores sexuales, al igual que cualquier otra persona responsable de un delito de violencia, no responden a un perfil psicológico único que pueda ser fácilmente reconocible. Son tan diferentes entre sí como diferentes entre sí son las situaciones de violencia. La complejidad del fenómeno de la violencia no permite hacer análisis simples de quién y por qué alguien pega, humilla, viola, agrede o abusa sexualmente de otra persona. Por eso, la comprensión e intervención de fenómenos sociales de esta complejidad debe hacerse aportando la mirada de diferentes disciplinas como la Psicología, Sociología, Educación o el Derecho.

Hoy en día, tratar de ponerle cara a los agresores sexuales significa aceptar que en general suelen ser personas con importantes déficits en sus habilidades sociales lo que les dificulta relacionarse de forma adecuada, que han tenido en muchos casos experiencias infantiles de malos tratos y ausencia de protección, con baja autoestima y socializados en una cultura todavía machista que aún hoy promueve ideas tan erróneas como que en las relaciones sexuales cuando una mujer dice que no en realidad está diciendo que sí, una cultura en la cual cada vez más se promueve el uso de la violencia como forma de resolver conflictos. Ponerles cara a los agresores hoy es también reconocer que actualmente un 6,5% aproximadamente de los mismos son menores de edad y que éste hecho va en aumento.

Y sin embargo, y a pesar de los datos conocidos la intervención con quienes agraden hoy sigue siendo una cuestión polémica y cuando se habla de éste tema se tiende a plantear únicamente desde un punto de vista penal. Modificar el código penal como única medida de solución del problema es un error que la experiencia se encarga una y otra vez de demostrar puesto que a pesar de que se tienden a incrementar las medidas penales las agresiones no decrecen. Aquellos países, como EEUU, que exclusivamente atacan la violencia endureciendo las penas (incluso con la pena de muerte) son países en los que, lejos de descender, los delitos presentan los índices mayores. Y sin embargo, cuando se llevan a cabo tratamientos especializados, que no sustituyen sino que complementan las medidas penales la reincidencia desciende de forma considerable.

Todos sabemos que una sociedad avanzada no puede plantearse soluciones a los problemas exclusivamente a corto plazo, como son en este caso las medidas privativas de libertad. Sabemos igualmente que la mayor parte de quienes agreden solo por haber pasado por la cárcel no se rehabilitan, de ahí la necesaria dimensión rehabilitadora de la cárcel que determina la propia ley. A pesar ello todavía cuesta hacer entender que la intervención con los agresores es necesariamente uno de los métodos más efectivos de prevención.  Desde el año 1998, en nuestra comunidad, se ha iniciado un programa de tratamiento para internos condenados por este tipo de delitos, encaminado a conseguir dos objetivos: el primero, cumplir el mandato que realiza la Constitución española a las Instituciones Penitenciarias en su artículo 25,2 “las penas privativas de libertad estarán orientadas hacia la reeducación y la reinserción social de los penados; el segundo, disminuir el riesgo de reincidencia de los agresores, dotándoles de capacidad para vivir en libertad, manteniendo relaciones sexuales libres de violencia y con parejas adecuadas.

Desde la Universidad de Cantabria junto con el centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones sexuales (CAVAS) y contando con la colaboración de la Dirección General de la Mujer entre el 18 y 22 de Julio se llevará a cabo un curso de verano dedicado específicamente a las agresiones sexuales. Su objetivo será precisamente poder ahondar en la compresión de éste complejo fenómeno presentando diferentes experiencias de intervención tanto con las víctimas como con los agresores sexuales. En el transcurso del mismo se presentarán dos de los programas que actualmente se están llevando a cabo con agresores sexuales, con adultos en el centro penitenciario El Dueso y con agresores adolescentes en la comunidad de Castilla-Leon.

 

 

 
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