Cada 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud, una jornada promovida por Naciones Unidas para situar en la agenda pública las necesidades, los desafíos y las aportaciones de las personas jóvenes, así como para reconocer su papel como agentes activos en la construcción de las sociedades presentes y futuras.
En 2026, esta conmemoración se desarrolla bajo el lema ‘Contextos diferentes, aspiraciones comunes’, que invita a reconocer la diversidad de circunstancias en las que viven las personas jóvenes y, al mismo tiempo, aquello que comparten: el deseo de desarrollar sus proyectos de vida, acceder a oportunidades, participar en sus comunidades y ser escuchadas en las decisiones que les afectan.
Con motivo de esta jornada, fapmi-ECPAT España quiere poner en valor la participación de adolescentes y jóvenes como un derecho y como un elemento imprescindible para avanzar hacia entornos más seguros, inclusivos y basados en el buen trato.
No existe una única manera de vivir la juventud
Hablar de juventud implica reconocer una realidad profundamente diversa. Las experiencias, oportunidades y dificultades de adolescentes y jóvenes están condicionadas por su entorno familiar y social, su situación económica, su género, su origen, la existencia de una discapacidad, el territorio en el que viven y otros muchos factores.
Por este motivo, las políticas, los servicios y los programas dirigidos a la juventud no pueden construirse desde una visión homogénea ni responder a un único modelo de persona joven. Deben incorporar la diversidad de experiencias y prestar especial atención a quienes encuentran mayores barreras para ejercer sus derechos o acceder a espacios de participación.
Aunque sus contextos sean diferentes, adolescentes y jóvenes comparten aspiraciones relacionadas con la dignidad, la autonomía, el bienestar, la igualdad de oportunidades y la posibilidad de construir un proyecto vital propio.
Garantizar estos derechos exige escuchar sus experiencias y contar con su participación en el diseño de las respuestas, las políticas y los recursos que se dirigen a ellos y ellas.
Escuchar es mucho más que preguntar
La participación de niños, niñas y adolescentes constituye un derecho reconocido por la Convención sobre los Derechos del Niño. Su artículo 12 establece que deben poder expresar libremente sus opiniones sobre los asuntos que les afectan y que estas deben ser tenidas debidamente en cuenta de acuerdo con su edad y madurez.
La participación significativa no consiste únicamente en formular una pregunta, organizar una consulta puntual o invitar a una persona joven a una actividad. Implica crear procesos accesibles, inclusivos y seguros en los que sus aportaciones sean valoradas y puedan influir realmente en las decisiones.
Escuchar de verdad significa prestar atención, reconocer el valor de las experiencias expresadas y explicar qué se hará con las propuestas recibidas. También implica comunicar qué decisiones se han adoptado y reconocer con transparencia cuándo una aportación no puede incorporarse.
Cuando no existe una devolución o las opiniones recogidas no tienen ninguna incidencia, la participación corre el riesgo de convertirse en una práctica meramente simbólica.
Participar también protege
La participación no solo constituye un derecho. También puede actuar como un factor de protección.
Cuando adolescentes y jóvenes disponen de espacios de confianza para expresarse, comprenden mejor sus derechos, identifican con mayor facilidad las situaciones que les preocupan y encuentran más oportunidades para pedir apoyo.
Sentirse escuchados/as y comprobar que sus opiniones son tenidas en cuenta contribuye, además, al desarrollo de la autonomía, la autoestima, el sentido de pertenencia y la capacidad para intervenir en el entorno.
Por el contrario, la ausencia de espacios de participación puede reforzar la sensación de que sus experiencias no son importantes, dificultar la comunicación con las personas adultas y aumentar la distancia respecto a las instituciones y los servicios que deberían ofrecerles apoyo.
La protección de la infancia, la adolescencia y la juventud no puede construirse exclusivamente desde una mirada adulta. Para que las respuestas sean adecuadas, es necesario conocer cómo perciben las personas jóvenes los entornos en los que viven, qué barreras encuentran y qué soluciones consideran más útiles.
El papel de las personas adultas
La autonomía de adolescentes y jóvenes se construye progresivamente y necesita entornos que ofrezcan apoyo, seguridad y oportunidades para participar.
Las personas adultas, las familias, los centros educativos, las administraciones, los servicios y las organizaciones sociales tenemos una responsabilidad fundamental en este proceso.
Acompañar significa generar relaciones basadas en la confianza, ofrecer información comprensible, permitir que adolescentes y jóvenes expresen desacuerdos, respetar sus tiempos y evitar respuestas que minimicen sus preocupaciones o cuestionen sus capacidades.
También supone reconocer que no todas las personas jóvenes pueden participar de la misma forma. Los espacios de escucha deben incorporar medidas de accesibilidad, alternativas de comunicación y apoyos adaptados a las diferentes necesidades.
La participación solo puede considerarse efectiva cuando permite que todas las voces, especialmente aquellas que habitualmente encuentran mayores barreras, puedan ser escuchadas.
Promover el buentrato implica:
- Escuchar sin juzgar ni anticipar las respuestas.
- Tomar en serio las opiniones expresadas.
- Facilitar información adecuada y comprensible.
- Ofrecer espacios seguros para preguntar y pedir ayuda.
- Respetar la diversidad y evitar cualquier forma de discriminación.
- Incorporar la perspectiva de adolescentes y jóvenes a las decisiones que afectan a sus vidas.
- Acompañar el desarrollo de su autonomía sin sustituir sistemáticamente su capacidad de elección.
La juventud cuenta
Desde fapmi-ECPAT España queremos recordar que proteger los derechos de adolescentes y jóvenes implica reconocerlos como sujetos activos, capaces de expresar sus necesidades, formular propuestas y contribuir a la transformación de los entornos en los que participan.
Escucharles no debe entenderse como una concesión de las personas adultas, sino como una obligación vinculada al ejercicio de sus derechos.
Supone generar oportunidades reales de participación en la familia, los centros educativos, los recursos sociales, las comunidades y las instituciones. Supone también revisar las formas adultas de comunicarnos, decidir y ejercer la autoridad.
Acompañar no significa decidir siempre en su lugar. Significa ofrecer orientación y apoyo, proporcionar información suficiente y permitir que asuman progresivamente un papel activo en las decisiones relacionadas con sus vidas.
La juventud es parte activa del presente
Con demasiada frecuencia se afirma que las personas jóvenes son el futuro. Sin embargo, adolescentes y jóvenes ya participan, crean, cuidan, transforman sus comunidades, identifican problemas y proponen soluciones en el presente.
Reconocer esta realidad exige dejar de entenderlos únicamente como personas receptoras de protección, educación o asistencia. Son titulares de derechos y deben poder intervenir en la construcción de los espacios familiares, educativos, comunitarios e institucionales de los que forman parte.
Desde fapmi-ECPAT España continuamos trabajando para promover una cultura del buen trato y prevenir cualquier forma de violencia contra la infancia y la adolescencia. Este compromiso requiere contar con la participación de adolescentes y jóvenes, escuchar sus propuestas y garantizar que encuentren personas adultas, servicios y organizaciones dispuestas a acompañarlos desde el respeto.
La juventud cuenta. Escucharla también es proteger.


